Nueva Santa

Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), mujer y mártir perteneciente al Pueblo de Dios. Enséñanos, junto con María, mujer judía como tú y Madre de todos, a subir la ruda, pero amena, Montaña del Carmelo.

Aprovechamos parte de la crónica anterior, por lo que de biografía tiene, y añadimos la crónica de la canonización y algunos datos más (abreviados) que nuestro ilustre viajero, don Félix Núñez, sacerdote de la Diócesis de Vitoria, nos ha proporcionado.

Nacida el 12 de octubre de 1891 en Breslau (Alemania), en el seno de una familia judía, perdió la fe en su juventud. Después de un largo proceso y sirviendo de fulminante la lectura de la Vida de Santa Teresa de Jesús, dejó su ateísmo militante y se convirtió al catolicismo. El 14 de octubre de 1933 ingresa en el Carmelo de Colonia.

Seguimos proporcionando los datos sobre la Virgen del Carmen y su Santa Montaña, teniendo en cuenta el origen judío de nuestra mártir.

Cuando hablamos de la Reina de la Santa Montaña del Carmelo, viene a nuestra memoria lo escrito por la otra mujer judía, Edith Stein, a una religiosa (Sor Agnella): "le haría bien tomarse unos baños de sol en el Monte Carmelo y respirar más libremente que de ordinario su aire fresco". Invitación que hace hoy extensiva a todos los devotos de la Virgen del Carmen.

Baños de sol y aire fresco. Buen consejo de Edith, una judía como la Virgen Santa María y como el mismo Jesús. A ellos dos hacía alusión en un comentario sobre su vida en el Carmelo de Colonia, cuando sincerándose con un amigo suyo judío, al igual que ella, decía: "Si viera usted la satisfacción que siento, al entrar por la mañana a la capilla del Carmelo, y ponerme enfrente de la imagen de la Virgen del Carmen y delante del Sagrario y me digo a mí misma: Ellos son de mi pueblo".

Aprovechamos parte de la crónica anterior, por lo que de biografía tiene, y añadimos la crónica de la canonización y algunos datos más (abreviados) que nuestro ilustre viajero, don Félix Núñez, sacerdote de la Diócesis de Vitoria, nos ha proporcionado.

Nacida el 12 de octubre de 1891 en Breslau (Alemania), en el seno de una familia judía, perdió la fe en su juventud. Después de un largo proceso y sirviendo de fulminante la lectura de la Vida de Santa Teresa de Jesús, dejó su ateísmo militante y se convirtió al catolicismo. El 14 de octubre de 1933 ingresa en el Carmelo de Colonia.

Seguimos proporcionando los datos sobre la Virgen del Carmen y su Santa Montaña, teniendo en cuenta el origen judío de nuestra mártir.

Cuando hablamos de la Reina de la Santa Montaña del Carmelo, viene a nuestra memoria lo escrito por la otra mujer judía, Edith Stein, a una religiosa (Sor Agnella): "le haría bien tomarse unos baños de sol en el Monte Carmelo y respirar más libremente que de ordinario su aire fresco". Invitación que hace hoy extensiva a todos los devotos de la Virgen del Carmen.

Baños de sol y aire fresco. Buen consejo de Edith, una judía como la Virgen Santa María y como el mismo Jesús. A ellos dos hacía alusión en un comentario sobre su vida en el Carmelo de Colonia, cuando sincerándose con un amigo suyo judío, al igual que ella, decía: "Si viera usted la satisfacción que siento, al entrar por la mañana a la capilla del Carmelo, y ponerme enfrente de la imagen de la Virgen del Carmen y delante del Sagrario y me digo a mí misma: Ellos son de mi pueblo".

Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), mujer y mártir perteneciente al Pueblo de Dios. Enséñanos, junto con María, mujer judía como tú y Madre de todos, a subir la ruda, pero amena, Montaña del Carmelo.

 A todo lo dicho y prudenetemente reformado, añadimos, con el permiso de ustedes, lo siguiente:

EDITH STEIN MÁRTIR DE AUSCHWITZ

La Carmelita, Judía, Alemana, Folósofa EDITH STEIN subió, como se dice, a la gloria de Bernini (aunque su serena fotografía aparecíó enmarcada entre los andamiajes - casi entre barrotes - que tapan la fachada en restauración de la Basílica de San Padro), con el nombre de TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ. Tal evento tuvo lugar el 11 de octubre de 1998, víspera del cumpleaños de Edith (12 de octubre de 1891)

Del evento damos la siguiente y breve crónica, ya enunciada (aunque la abreviamos para nuestros lectores):

Nuestro viaje a Roma y Polonia
10 - 18 octubre 1998

Félix Núñez Uribe

Varias veces me ha pedido amablemente el Padre Juan Cruz que escriba mis recuerdos de aquel impresionante viaje. Estuvimos juntos y formamos entre todos una hermosa familia. En vuestro honor, voy a escribir estas líneas.

Día 10 de octubre, sábado
La víspera llovía a cántaros. Si así iba a ser todo el viaje, ya podíamos encomendarnos a Santa Bárbara, la de las tormentas, a ver si las paraba un poco. Paraguas, chubasqueros, gabardinas, plásticos... todo parecía poco.

Al día siguiente, a las 6 de la mañana, en la plaza de los Carmelitas, todos los viajeros estábamos en el autobús dispuestos a empezar nuestra aventura. En Radio Vitoria se enteraron todos de que estábamos de viaje, camino de Roma, porque a las 9,30 de la mañana simulé, en una grabación, hablar desde el aeropuerto de Madrid y lo conté todo. Vitoria ya estaba enterada de nuestra salida. Ya éramos más famosos que el Celedón.

Montamos en el avión de Alitalia. Las comidas aéreas son para enanos. Sitio pequeño, mesita mínima, platos chiquitines, tenedores de juguete, panecillos para un diente, bebida invisible. Pero todo muy rico, a juzgar por las sobras que dejabais. ¡Qué tragones habéis sido en todo el viaje!

Llegamos a Roma, al aeropuerto internacional Leonardo da Vinci. Un amable guía nos lleva a ver algunos lugares de la ciudad: la basílica de San Pablo, por ejemplo. En la fontana de Trevi arrojamos unas monedas con la mano izquierda, hacia atrás, como mandan los cánones. Estamos seguros de que gracias a este alegre rito, volveremos a Roma dentro de muy poco tiempo. Y si no volvemos, nos aguantaremos. Por fin, estamos en el Hotel Hermitaje, de unas cuantas estrellas. Está en quinto pino. Dormimos como lirones.

11 de octubre, domingo

Dos horas antes del comienzo ya estamos en la plaza de San Pedro. Las sillas están mojadas. Los más santos saben que no va a llover. Los que aún estamos en las segundas moradas de Santa Teresa no sabemos si nos vamos a hundir hasta las orejas. Ganan, como siempre, los hombres de fe.

La ceremonia ha sido grandiosa. Estaba en la tribuna, cerca del Papa, Helmut Kohl, presidente de Alemania, al cual le aplaudimos calurosamente al verle entrar subiendo por las gradas. El Papa ha proclamado santa a Edith Stein con estas palabras en latín:

"Para honor de la Santa e Indivisa Trinidad, para exaltación de la fe católica y incremento de la vida cristiana, con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra, después de una madura deliberación, habiendo implorado con fervor la ayuda divina, con el consejo de muchos Hermanos Nuestros, declaramos y definimos que la Beata Teresa Benedicta de la Cruz es Santa, la inscribimos en el catálogo de los santos y decretamos que sea venerada con piadosa devoción entre los santos en toda la Iglesia universal".

Era una hija de Israel que, durante la persecución de los nazis, ha permanecido como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y como judía, a su pueblo.

Al día siguiente L'Osservatore Romano publicaba una edición especial para comentar aquella canonización. Ponía titulares así: Juan Pablo II proclama a Santa Edith Stein "eminente hija de Israel y fiel hija de la Iglesia". Luego ponía un comentario de actualidad con este titular: "En el desierto de muerte de Auschwitz, junto a Maximiliano Kolbe, el Señor de la Historia ha suscitado una nueva santa". En la homilía, el Papa pronunció estas hermosas palabras: "Santa Teresa Benedicta de la Cruz nos dice a todos nosotros: No aceptéis ninguna verdad que esté privada de amor. No aceptéis como amor aquel que esté privado de verdad".

Hubo muchos comentarios en la prensa mundial a cuenta de esta canonización. Naturalmente los judíos la veían con desagrado. No en vano se trataba de una judía escapada de la religión de sus padres y unida a Aquel que murió en Jerusalén colgado de una cruz, después de haber pasado por un tribunal judío. Naturalmente, los judíos no podían ver con buenos ojos esta canonización.

Otros opinaban que si le habían matado por ser judía, ¿por qué se le hacía santa y mártir? Pero es que la mataron, además de ser judía, por ser católica, después de aquella carta que habían escrito los obispos holandeses en contra de la persecución a los judíos. Además, ella había hecho algunos milagros sorprendentes. Y además, la Iglesia puede declarar santa a toda persona que, a su juicio, demuestre virtudes sorprendentes ante el resto de los fieles cristianos.

Santa y bien santa, aquella mujer que demostró una firmeza de roca en la fe, cuando mucha gente la perdía en medio de aquel infierno. Sostenía su fe y la de los demás, cuando muchos escupían al cielo exigiendo a Dios su protección.

En la crónica de este viaje queremos dejar constancia de un aspecto de su vida que nos muestra el carácter de aquella mujer, para defender la fe cristiana ante todos sus compañeros de carrera.

UN RETRATO DE EDITH STEIN

Compré un libro que anunciaba la amistad de Edith con Roman Ingarden. Es cierto que el libro tiene un 90 % de temas profesionales: que si está escribiendo un artículo, que si no le reciben un libro en una editorial, que si no tiene un duro, que si está corrigiendo los libros de otros filósofos. Es verdad.

Pero también es verdad que de las 162 cartas que hay en el libro, se pueden escoger unas 30 que lo dicen todo. De estas 30 voy a hablar yo, porque ellas nos pueden ayudar a comprender el carácter de esta gigantesca mujer, Edith Stein.

Primero, un breve resumen de la vida.
1891, nace en Breslau, Alemania, (hoy es Polonia) de una familia judía. 1914, pierde la fe judía. Se puede decir que es atea. Tiene 23 años.

1916, es doctora en filosofía. Una eminencia destacada. Su profesor (Husserl) le tiene como ayudante en la cátedra, nada más terminar la carrera. Tiene 25 años.

1917. Muere en la guerra un chico a quien conoce. Va a visitar a la viuda y la encuentra completamente serena. Eso le deja a ella marcada. "Esta mujer debe tener algo dentro especial, sobrenatural, extraterrestre, que le hace ser así". Tiene 26 años.

1921, en verano, lee la vida de Santa Teresa, escrita por ella misma, y se convierte al catolicismo. Tiene 30 años.

1922. Se bautiza en la Iglesia Católica. Tiene 31 años. Su madre, fidelísima judía, la odia por haberse hecho católica. Ahora se tira 11 años dando conferencias, clases, escribiendo libros, en una actividad increíble.

1933. Se hace carmelita en el convento de Colonia (Alemania). Tiene 42 años.

1938. Marcha a un convento de Holanda, porque ve que en Alemania peligran los judíos, como ella. Tiene 47 años.

1942. El 2 de agosto es detenida por la policía alemana, la Gestapo. La llevan a Auschwitz. Entre el 8 y el 12 de agosto, entra en la cámara de gas y es incinerada en un crematorio. Desaparecen sus restos. Tiene 51 años. Durante la estancia en Auschwitz ayuda y anima valientemente a todos los judíos que van a ser exterminados como ella en las cámaras de gas.

Según este itinerario, podemos ver cómo es esta mujer a través de las cartas que se escribe con su amigo Roman. Este es un chico dos años más joven que ella. Filósofo como ella, se han conocido en clase. La primera carta que tenemos es de 1917, cuando Edith tiene 26 años. Ya es doctora. Es toda una personalidad. Quizá se escribieron antes, pero en el libro, la primera es ésta.

El es un individuo que escribe poco. Por lo cual ella está desesperada. En todas las cartas le trata de usted; quizá es que en aquel tiempo la gente era muy estrecha. Sólo hay una carta en que ella le trata de tú (en 1917), pero a la siguiente vuelve el usted. ¿Por qué estos cambios? No se sabe.

Le dice: "Una vez más quisiera estar esta tarde contigo y contarte algunas cosas que debo decirte. En primer lugar, pedirte perdón ya que últimamente, influida por los difíciles días que tengo ante mí, fui incapaz de tener un momento de alegría. Lo que ahora busco es tranquilidad y el restablecimiento de mi autoconciencia, completamente deshecha."

Estas cartas de ella, él no las rompía, por lo cual las podemos leer. Pero las cartas de él, ella las rompió. ¿Fue por prudencia? ¿Fue porque la amistad se venía abajo? Tampoco se sabe. Pero sólo se conservan las cartas de ella.

En 1919, dos años más tarde, el amigo, inesperadamente, se casa. Ella le escribe:

"Hoy recibí su carta, la primera señal de vida, después de muchos meses. Ante todo, mis deseos más cordiales para la nueva vida que ha comenzado usted. El asunto me sorprendió por completo, ya que contra lo que usted supone nunca me había dicho una palabra acerca de su mujer. Pero que algún día tendría que hacerse realidad una tal nueva vida es algo que siempre he esperado, y si la vida la proporciona lo que yo espero, nadie se alegrará tanto como yo. Naturalmente, mi amistad con usted sigue invariable. Lo que se refiere a lo otro, que todavía dura, preferiría que pudiera enterrarlo dentro de sí y que quemara también las cartas mías que todavía obran en su poder."

En 1921 (a los 30 años) se convierte. Pasan 11 años antes de entrar al convento. En este tiempo da clases y escribe mucho. Le dice a su amigo con quien se sigue escribiendo:

"En torno a Pascua recibí inesperadamente una oferta de dar clases en Espira. Y una vez que mi madre hubo superado en cierto modo su animadversión, acepté inmediatamente. Se trataba de un antiguo y grande monasterio de Dominicas. Así, pues, aquí estoy colocada, doy clases de alemán en cuatro cursos, además de historia en un curso. Como pequeña ocupación complementaria, pronto se organizó un curso de filosofía para las Hermanas del Colegio. También, desde hace cierto tiempo, doy clases de latín para dos hermanas jóvenes que deben hacer el bachillerato. En su mayoría, las alumnas están en internado, y allí vivo yo también. Mi habitación es muy pequeña, pero en ningún sitio me he sentido tan a gusto."

Edith es una mujer de un carácter tremendo. Primero se decepcionó porque su amigo se casó. Ahora se enfada porque Roman se ríe de la fe católica que ella ha abrazado. Y no aguanta que el otro se cachondee. Le escribe así:

1924. "¿Cuanto tiempo ha empleado usted (en la clase de religión en la escuela) en el estudio del dogma católico, de su fundamentación teológica, de su desarrollo histórico? ¿Y se ha planteado siquiera una vez la pregunta: cómo se explica que hombres como Agustín, Anselmo de Canterbury, Buenaventura, Tomás aparte de los muchos miles, los cuales no eran menos inteligentes que nosotros, gente ilustre que estos hombres hayan visto en el dogma lo único por lo que merece la pena ofrecer la vida? ¿Con qué derecho puede usted calificar a los grandes maestros y grandes santos de la Iglesia como chorlitos o como astutos embusteros? ¿Quiere usted plantearse estas cuestiones imparcialmente y contestarlas?"

1926. "La fe, como fuerza creadora y transformadora, experimento realísimamente en mí y en otros, la fe que ha levantado las catedrales de la Edad Media y la no menos maravillosa obra de la liturgia eclesiástica, la fe, a la que santo Tomás llama "el principio de la vida eterna en nosotros", ante ella, todo escepticismo se me hace trizas. Esto dicho, ahora haga lo que le parezca".

1927. "Donde falta la propia experiencia, uno debe apoyarse en testimonios de hombres religiosos. De esto no hay escasez. Según mi modo de entender, los más impresionantes son los místicos españoles Teresa de Jesús y Juan de la Cruz."

1928. "Esto es lo que tengo que decir: estoy convencida no sólo desde el punto de vista religioso, sino también filosófico de que hay cosas que están más allá de los límites de las posibilidades del conocimiento. La filosofía entendida como ciencia del conocimiento puramente natural, puede reconocer estos sus límites."

En una carta se niega a tratarle de "tú". Y le explica el porqué.

1929. "Espero que su alegría del Año Nuevo no quede empañada porque, pese a su ruego, siga escribiendo "usted". Gustosamente hubiera concedido el pequeño ruego. Pero sería falso, no correspondiéndose a mi manera de sentir, y una cosa así no la querría usted mismo. El amor que no es de este mundo atraviesa todas las paredes materiales, no conoce limite de tiempo y espacio, pero debido a ello todo lo demás quedará fuera. Si esto le molesta, lo siento, pero yo no puedo cambiarlo."

Por fin, en 1933, a sus 42 años decide hacerse carmelita de clausura. Se lo dice a su amigo, a pesar de que sus relaciones se están enfriando mucho.

1933. "Desde hace mucho, nada hemos oído el uno del otro. Los dos últimos meses me los he pasado con mi madre y ahora me encuentro de camino hacia Colonia, para ingresar mañana allí en el convento de las carmelitas. Es un plan antiguo, que ha llegado a su madurez a través de las presentes circunstancias."

1933. "Reciba el primer saludo desde la silenciosa celda. Me haría cargo perfectamente de que usted no viera con buenos ojos este paso. Sin embargo, todos mis viejos amigos deberían alegrarse conmigo de que finalmente haya aterrizado donde pertenecía desde hace mucho tiempo. Para mí no fue en absoluto una decisión novedosa, sino más bien la ejecución de una muy antigua, para la que las actuales circunstancias dieron el empujón. Y para nadie de cuantos me querían, esto significa una pérdida, sino que todos deben participar de la ganancia que a mí me reporta. Los asuntos de mis amigos siempre seguirán interesándome. Si deseara conocer algo del espíritu del Carmelo, debería tomar en sus manos los escritos de nuestros grandes santos Teresa de Jesús y Juan de la Cruz."

Edith había recibido una felicitación por parte de Roman en Navidad. Llega el día de la toma de hábito, y el amigo cambia de postura. Ella que no es tonta, le sale al paso y le contesta de esta clarísima forma.

1934. "En Navidades decía usted que se alegraba de corazón de que yo hubiera encontrado aquí la felicidad. El recuerdo de este hecho y con ello la misma alegría han vuelto a desaparecer otra vez de usted en los meses posteriores, de manera que para mi hermosa fiesta de toma de hábito he recibido en compensación un muy ácido deseo de felicidad. Sólo que una única gota de vinagre en un mar de dulzura no puede hacer mucho. Pero lo siento por usted, que no haya tenido parte en mi alegría."

1937. "Mucho me he alegrado de tener noticias suyas. Ahora quiero demostrarle que no espero tres años para dar la respuesta. No creí que usted se enfadara conmigo a causa de mi entrada en la Orden. No podría atribuirle a usted una reacción objetivamente tan imposible a una decisión, en último término personal. Pensé únicamente que en mi última carta podría haber algo que le quitó las ganas de escribir. Si no fue así, tanto mejor. Por propia experiencia comprendo perfectamente lo de la falta de tiempo y por tanto le dispenso de escribir, a no ser que tuviera algo en el corazón que quisiera decir gustosamente.

Para nosotras, lo mismo vale pelar patatas, limpiar ventanas o escribir libros. Pero en general, se emplea a la gente para aquello que más vale. Por esta razón, es mucho más raro que yo pele patatas que escriba. Recibí el encargo de concluir para la imprenta un gran borrador que había traído conmigo. Enseguida eché mano del borrador y comencé a escribir de nuevo. El resultado ha oído una obra en dos volúmenes sobre "Ser infinito y ser eterno". Pronto hará cuatro años que estoy aquí. ¿Podría usted decidirse a llamarme "Hermana Benedicta" como yo me he acostumbrado? Con "señorita Stein" tengo que ponerme a pensar que cosa es eso."

Cinco años más tarde, en 1942, a sus 51 años, era detenida por la Gestapo y subía al cielo por la chimenea de Auschwitz. Aquella terrible chimenea que veían aterrados todos los que esperaban la muerte en aquel desgraciado campo de exterminio.

No nos queda sino dar las gracias a nuestro compañero de viaje don Féliz Núñez. Hasta la siguiente.


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